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A aprender se aprende. No es un juego de palabras sino una de grandes verdades de la educación. Porque para incorporar nuevos conocimientos a la mente, almacenarlos de forma indeleble y aprovecharlos cuando es necesario, no basta con la disciplina y el esfuerzo. Hace falta conocer las herramientas y hábitos que promuevan y faciliten ese aprendizaje eficiente y duradero.
Nervios, preocupación, angustia, inseguridad, ansiedad, miedo a olvidar lo aprendido o a equivocarse. Todos hemos sentido algo parecido ante la perspectiva de una prueba, cuyo aprobado constituye la culminación de muchas horas de trabajo y estudio.
Para evitar que la presión enturbie los resultados, evitar las sensaciones de inquietud e incertidumbre, y acudir a examinarte con las mayores garantías de éxito y “la lección bien aprendida”, conviene aplicar algunas técnicas muy sencillas y eficaces para memorizar. Es más sencillo de lo que parece... si se sabe cómo.
• Estimula tu memoria a largo plazo: cuando recibimos una información ésta se almacena automáticamente en nuestra memoria a corto plazo donde se mantiene unos segundos, pero después se pierde. Pero si se presta atención a esta información y se analiza, comprende y relaciona con otras ideas, puede pasar a la memoria a largo plazo, que es casi ilimitada en capacidad como en duración.
• Evita distraer tu atención: para reducir las posibles interferencias, hay que estudiar en un lugar tranquilo, sin ruido, que facilite la concentración. El lugar ideal es la propia habitación, con la puerta cerrada y en silencio, sin música. |