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Entre los guiños al pop, uno que otro coqueteo con la electrónica y la desafiante actitud rockera se mueve el proyecto local Niñoboy, un colectivo que nació del mismísimo universo indie chileno pero que no niega su intensa conexión con el pop. Con un disco bajo el brazo, el trío descifra sus coordenadas musicales a través de un listado de letras cotidianas, simples, que se apoyan en una potencia que parece salir directamente del uso y manejo de las guitarras.
Es curioso como una banda que se autodenomina como “popera” funciona en la práctica como un efectivo y adrenalínico combo que apela a modernizar el noise. Claro, porque de pop, así con todas sus letras, el colectivo bautizado como "Niñoboy” tiene muy poco, probablemente sólo esa impresión propia que los lleva a afiliarse a un discurso que pretende encontrar la diferencia con la generalidad de la escena independiente local. En otras palabras es como si el calificativo de “pop” sirviera a los músicos para distanciarse de esas propuestas más conceptuales, militantes o desde el cerebro que abundan en los escenarios indie. Y es que aunque ellos digan y redigan que lo suyo es sólo pop, cuesta creerles cuando se tiene en los oídos a los doce cortes que componen su placa debut, un disco homónimo que vio la luz después de un par de experiencias publicadas como Eps.
Explosivos, irónicos y directos, los sonidos de Niñoboy de vez en cuando se dan la licencia de coquetear con la electrónica o con las herramientas pop, pero definitivamente mantienen un matrimonio concreto con el rock, más específicamente con ese que goza de la creación de atmósferas de la mano de guitarras potentes.
Algo de noise, shoegazer, influencias de las bandas chilenas que en plena década de los `90 saltaron de la escena independiente a los catálogos de las multinacionales, de todo eso hay en el universo compositivo de esta banda integrada por Daniel, Pondie, Tosh y Bruce. |