Constelaciones familiares Curando las raíces
El método de las CFs se fundamenta en trabajar con representantes, y en grupos de una veintena de personas, durante varias horas, con la guía de un “constelador” o “consteladora”: el profesional encargado de conducir, orientar y resolver toda la actividad.
En una CFs, cada uno de los integrantes del grupo expone un problema determinado, trauma, conflicto, problema psicológico o cualquier situación o sentimiento que lo limite o le cause malestar. Se trata de la persona que “constela”, es decir el “constelado”. A continuación, elige a una serie de asistentes para que representen a los distintos parientes involucrados en el problema que quiere aclarar y resolver: principalmente padres, hermanos, hijos y familiares más cercanos, que guardan la relación más directa con aquello que se quiere “constelar”. Los representantes son situados en el centro de la sala. El constelado los toma por los hombros y los posiciona donde siente que es el lugar adecuado, mientras el “constelador” y el resto del grupo, permanecen sentados a su alrededor. “Después, los representantes ‘se dejan llevar’ por lo que sienten, sintonizando con lo que están representando, y empiezan a moverse de forma lenta y centrada, reposicionándose libremente”, señala la psicóloga. La otra “herencia familiar”
Así, comienza a desarrollarse espontáneamente y sin palabras, una representación que expone con dramatismo las relaciones, conflictos, afinidades y rechazos entre los distintos familiares representados.
Según García Marqués, “las experiencias y relaciones familiares están en el origen de una variada gama de problemas de la persona, desde dificultades para relacionarse, vivir en pareja o prosperar, hasta el enfrentamiento o alejamiento de un ser querido, pasando por las adicciones o la comida compulsiva, traumatismos y hasta muertes prematuras o accidentales”. También influyen en la aparición de ciertas enfermedades y comportamientos difíciles o destructivos. “Al verlas representadas, la persona ‘constelada’ reconoce como verdaderas -a veces con nitidez y otras intuitivamente-, escenas o situaciones de su propia vida o la de su familia, incluso concernientes a generaciones anteriores o lejanas en el tiempo”, explica la experta. El “constelador”, por su parte, ayuda a que el “constelado” interprete la situación representada en la sala, y si es necesario convoca a representantes de otros familiares más lejanos (abuelos, bisabuelos, tíos, etc.) cuando hacen falta más elementos para completar su sistema familiar y ver cómo funciona. “El sólo hecho de ver lo que ha ocurrido en la familia y lo que ahora ocurre y cómo nos afecta, es profundamente sanador, junto con frases sanadoras que se necesitan para recolocar el sistema, ya que a menudo adoptamos formas de ser, sentir, pensar o actuar, que heredamos de nuestros familiares, incluso trasmitidas de una generación a otra. Las repetimos inadvertidamente, aunque en realidad no nos atañen”, concluye la terapeuta. * Por Daniel Galilea EFE - Reportajes |