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“Soldier of love”
Vuelve Sade, la integridad y la autenticidad

 

Sade regresa después de diez años de silencio. Con tan sólo seis discos en dos décadas y media de carrera artística, lo ha conseguido todo: icono femenino de los ochenta y noventa, "Top 10" de las listas musicales estadounidenses y británicas en todos sus álbumes, varios Grammy, más de 50 millones de copias vendidas... Un listón muy alto, pero también un receso digno para retomar el éxito. El secreto: sólo grabar cuando hay algo que decir.

Diez años sin publicar un disco pueden ser una eternidad. No así para Sade. Y ello por dos razones: integridad y autenticidad, porque -en palabras de la cantante- "no somos una marca". "Sólo grabo cuando tengo algo que decir".

Este icono de las décadas de los ochenta y noventa del siglo XX, que consiguió situar todos sus discos entre los diez primeros de las listas y vender más de 50 millones de álbumes, regresa con su nuevo disco, "Soldier of love". No hay duda, Sade tiene algo que contar.

"Soldier of love", el sexto álbum de estudio de Sade y su banda, comenzó a fraguarse en 2008, en el estudio de grabación Real World de Peter Gabriel, en plena campiña al sudoeste de Ingletarra, muy cerca de la casa de la cantante británico-nigeriana de 50 años, cuyo nombre real es Helen Folasade Adu.

Era la primera vez que los cuatro integrantes del grupo volvían a reunirse (Paul Denman -bajo-, Stuart Matthewman -guitarra y saxo- y Andrew Hale -teclados-) después de la última y exitosa gira "Lovers Rock" de 2001. "La gran pregunta era si realmente queríamos seguir trabajando juntos en esto, si continuábamos siendo amigos", dice el teclista en la página oficial del grupo. La respuesta, afirmativa, no tardó en llegar.

El nuevo álbum, más ecléctico que los anteriores, cuenta con diez canciones que se terminaron de grabar en el verano de 2009. En "Soldier of Love", Sade suena como aquella banda de principios de los ochenta -con Mattewman haciendo volar su saxo- pero también con nuevas incursiones, como el reggae de la canción "Babyfather" o el dramático arreglo de su sencillo "The Moon and the Sky".

"No quiero repetirme", dice Sade. "Quiero que nuestra música se convierta en un desafío interesante para todos nosotros, en un largo camino para recorrer juntos".

Los inicios

Pero el triunfo cosechado a lo largo de los años de carrera artística ha sido el fruto de un trabajo íntegro, alejado de los corsés de la industria y, por ello, genuino. Quizás pocos habrían apostado por la joven estudiante de moda (en la St. Martin School Of Art) de origen nigeriano -aunque residente en Colchester (Essex) desde los cuatro años-, hija de un economista nigeriano y de una enfermera inglesa.

Aquella adolescente tenía predilección por la música soul americana, sobre todo por artistas de la década de los 70 como Curtis Mayfield, Donny Hathaway y Bill Withers. Quizás por ello destaca un acontecimiento de su juventud: el concierto de los Jackson 5 en el Rainbow Theatre de Finsbury Park, donde trabajaba como camarera los fines de semana.

"Estaba más fascinada por la reacción del público que por lo que pasaba en el escenario", recuerda. "Había chicos, madres con niños, gente mayor, blancos, negros... Es el público al que siempre he aspirado".

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