|
La comunicación
dentro de la familia es vital, especialmente durante la etapa
de la adolescencia, porque es un factor determinante para
que el adolescente sea capaz de comprender las normas que
le imponen sus padres, los valores que le transmiten, así
como poder contar el adolescente sus nuevas experiencias que
lo van formando para llegar a ser un adulto desarrollado e
integrado en la sociedad. Si los canales de comunicación
se mantienen abiertos entre el adolescente y sus padres principalmente,
estos últimos sabrán propiciar los momentos
oportunos para que sus hijos expresen sus sentimientos en
forma abierta. Esta es la mejor manera de conocer a su propio
hijo y a su vez, el hijo conocer a sus padres.
En la adolescencia se nota con más claridad
los límites que van poniendo los padres. En las familias
permisivas, estos límites son tan amplios que rayan
en la despreocupación que los padres manifiestan a
sus hijos, en cambio, las restrictivas, exageran los controles
hasta un punto de coartar el desarrollo armónico de
los hijos. Pero entre estos dos extremos se encuentran las
familias que entregan las normas y valores con claridad, que
ponen límites, pero son flexibles de acuerdo a las
circunstancias, la edad, etc. y que es posible dialogar para
llegar a un mutuo entendimiento entre padres-hijo, sin por
eso claudicar de los valores que se le está inculcando.
Vale decir, existe una flexibilidad dentro de los límites
ya marcados. Esto no es fácil de lograr, pero sí
es posible. Todo depende de la comunicación que tengan,
primeramente, los padres entre sí y que ésta
no sea improvisada, sino que se ha ido cultivando desde el
momento que nace la familia. Cuando la comunicación
entre los padres ha sido abierta, espontánea, clara,
que invita al diálogo, que se llega a acuerdos cuando
hay discrepancias, no será difícil aplicar los
mismos patrones de conducta con el hijo que va creciendo y
de éste, imitar lo que ha visto en sus padres.
Por esto se quiso conocer la percepción
de la niña adolescente respecto a la comunicación
con sus padres y cómo ésta influía en
su vida diaria. Se pensó en la niña, porque
ella está expuesta a cambiar drásticamente su
vida si llega a embarazarse en este período de edad,
y en gran parte, el embarazo de la adolescente es respuesta
a los problemas de incomunicación que vive en su hogar.
Hay que destacar la importancia del padre en
la satisfacción de la adolescente en su vida familiar,
porque ésta es muy alta cuando existe una buena comunicación
con él y no así con la madre. Pareciera que
en la relación padre-hija gravita mucho más
la influencia del padre para que la adolescente sienta satisfacción
en su vida y por lo tanto, la crisis propia de esa edad se
hace más llevadera cuando el padre apoya, aconseja,
comprende, escucha, puede confiar en él, contarle los
problemas que son importantes para ella y acepta los castigos
que le da. No hay duda que cuando un padre se preocupa por
el bien de su hija, ésta lo siente y aunque duela la
sanción, la acepta. La influencia de la madre en esta
satisfacción pareciera afectar menos dado que las relaciones
madre-hija, por lo general, son mejores y no se diferencian
mucho entre un grupo y otro. Por esto se hace vital la presencia
del padre en el hogar para que no sólo aporte el dinero
para la mantención de la familia, sino que entregue
afecto, comprensión y reglas (normas, valores) que
formen a sus hijos.
Desgraciadamente en nuestro país se
ha exacerbado enormemente el valor de la mujer-madre, es cierto
que es valiosa y fuerte, pero ha ido en desmedro del rol del
hombre como padre y a éste no se le ha reconocido su
importancia en el desarrollo de los hijos. Este resultado
que muestra la gran satisfacción de la hija cuando
existe alta comunicación con el padre, reafirma el
rol que éste tiene en la familia y cómo lo valora
la adolescente. Si existiera dentro de nuestra cultura el
valor que tiene la figura paterna tanto como la materna en
la formación de los hijos, es probable que menos padres
los abandonarían, porque sabrían el daño
que les causarían. Estarían conscientes de que
su ausencia les provocaría heridas, a veces irreparables,
que no se desarrollarían plenamente, porque les falta
algo. Este es un aspecto que se debería considerar
en las reuniones de Padres y Apoderados a fin de ir reforzando
la importancia del rol del padre en la familia, porque se
le ha dado mucha importancia a la madre dejando de lado al
padre y él se margina por temor o porque no sabe qué
decir ante una madre que toma todas las decisiones respecto
a los hijos.
Las
adolescentes con alta comunicación con el padre hacen
más actividades deportivas. Esto pareciera indicar
que el padre valora estas actividades en las cuales ve que
su hija gasta el tiempo en actividades sanas y recreativas
que la alejan de compañías no deseables o actividades
peligrosas. Este hecho hace pensar que en esta comuna se da
la posibilidad de hacer deportes, pero no todas las adolescentes
la aprovechan, lo cual podría ser una señal
de que no se ha hecho todo lo necesario para incentivar estas
actividades, porque no entusiasman a todas y no convencen
a los padres para que asistan. Pero es cierto que las adolescentes
que tienen mayor comunicación con el padre han entendido
el valor del deporte, y podría ser que el padre las
empujara a eso, porque entiende el significado que tiene para
su hija.
Es importante dar a conocer entre los padres
y apoderados de los escolares, la influencia que tiene el
padre en su hija, a fin de ir introduciendo esta idea que
se ha ido perdiendo con el correr del tiempo y que ha causado
mucho mal a la familia. Por una parte se ha exaltado el valor
de la madre chilena anteponiéndola al padre y esto
ha ido disminuyendo la responsabilidad que le cabe a éste
en la familia. Al ver una madre tan capaz, tan fuerte y decidida,
él se retrae, le traspasa su autoridad y se va alejando
lentamente de sus hijos, muchas veces sin querer o por no
saber como desempeñar su rol. El no sabe cómo
hacerlo, porque también vio a su padre delegar su autoridad
y muchas veces abandonar el hogar y él repite ese modelo.
En la gran mayoría de las familias
chilenas en las cuales hay una distorsión de la estructura
de poder, es la mujer la que toma las decisiones y el hombre
se desliga de sus responsabilidades y termina por abandonar
su familia, porque allí no tiene nada que hacer. Si
queremos tener familias unidas, que formen a los hijos y que
los ayuden a crecer física, psíquica y espiritualmente,
la figura paterna es vital. Esto no quiere decir que la figura
materna disminuya, por el contrario, le da cabida al rol de
padre para que entre los dos sean una unidad en armonía
que se responsabilicen de la formación y guía
de sus hijos.
|