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Pero alégrense,
papás: un niño que pregunta es un niño
sano, interesado en saber cómo funciona su entorno
para poder ordenarlo, comprenderlo e integrarse a él.
Necesita respuestas, especialmente de los padres, ya que son
los principales guías para asimilar la realidad. De
ellos depende que el espíritu investigador de sus pequeños
florezca y a futuro sean personas seguras y creativas, o que
simplemente su inquietud se marchite.
Las interrogantes de los niños son verdaderas ventanas
por las cuales se asoman al mundo. Es la forma natural de
desarrollar su conducta exploratoria, la que antes ya se manifestaba
de manera física por medio de la manipulación
de objetos y, que gracias a la verdadera explosión
que experimenta el desarrollo del lenguaje después
de los tres años, aflora ahora en forma de preguntas.
Es el momento en que aprenden a poner la palabra
interrogativa (qué, por qué, cuándo,
cómo, quién, dónde) al comienzo de la
frase. Por eso, el preguntar es también un signo de
que el lenguaje se está desarrollando correctamente.
El placer de preguntar
El niño a esta edad es muy hablador,
y muchas veces puede que pregunte por el sólo placer
de hacerlo, ya que le resulta entretenido e interesante, además
descubre que así puede captar la atención en
torno a él y se siente importante y querido mientras
mantiene a sus padres respondiendo preguntas.
Cuando
los padres le prestan al pequeño la atención
que solicita, le refuerzan su autoestima, ya que le dan a
entender que les interesa y lo respetan como persona y que
lo que tiene que decir es importante y merece ser escuchado.
Muchos padres se quejan de no tener
una buena comunicación con sus hijos adolescentes.
Lo mejor es estimularla desde pequeños, aprovechando
esta oportunidad para sentar la base para un buen diálogo
a futuro.
Por muy absurdas, difíciles, obvias,
inoportunas, insistentes o reiterativas que parezcan las preguntas
de los menores, los padres jamás deben olvidar que
son verdaderos tesoros. Animándoles a preguntar y dándoles
respuestas, fomentan su capacidad de razonar, los motivan
a descubrir, a no temer a lo desconocido, a tener una perspectiva
crítica y constructiva de la vida.
Preguntas difíciles
Para los niños no importa el tiempo,
lugar, ni tema en cuestión. Si tienen la necesidad
de preguntar, lo harán y exigirán una respuesta
inmediata y satisfactoria, lo que puede poner a sus padres
en aprietos en más de alguna ocasión.
A veces a los padres les resulta
embarazoso responder preguntas referentes al sexo, no encuentran
las palabras adecuadas y no saben hasta que punto llegar con
el pequeño. Otras veces, las preguntas son tan difíciles
como "¿de dónde viene el viento?"
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