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En esta completa guía
de estimulación, le entregamos pautas para comprender
la distintas formas en que se da el juego en cada etapa del
crecimiento de su hijo e ideas para potenciar sus habilidades
por medio la actividad lúdica.
La creatividad, la imaginación, la motricidad
y la comunicación son sólo algunos de los aspectos
que se estimulan con el juego. Pero su trascendencia es aún
mayor. Según Vygotsky (1976), "el juego no es
la consecuencia, sino la fuente del desarrollo cognitivo en
los niños". Basta considerar que jugar constituye
la actividad natural de los pequeños.
La recreación favorece el desarrollo
motor, al exigir que el niño salte, corra, se mueva
y camine. También ayuda a forjar el intelecto, porque
lo lleva a explorar el mundo que lo rodea y a repetir acciones
en forma lógica para lograr sus propósitos.
A cada edad le corresponden distintos desafíos
y aprendizajes, y los juguetes deben adecuarse a cada una.
Si desarrollan siempre una destreza ya dominada por el niño,
se aburrirá y si está fuera de su alcance, se
frustrará.
El juego en el desarrollo
Hasta el año de vida, el bebé
aprende a conocer su cuerpo y entorno. Es así como
los padres y el propio cuerpo constituyen su primer gran juguete.
Pero además aprende a diferenciar colores, texturas
y sonidos; se sienta, toma un objeto y lo manipula. Son ideales
los móviles, que les ayudan a focalizar la atención,
los gimnasios para bebés, con los que practican cómo
tomar y tirar de objetos, y cajitas con música, para
estimular su sentido auditivo.
Cuando cumplen el año y ya caminan, les resultan llamativos
los juguetes para empujar o tirar, pelotas pequeñas
y rodados sin pedales, que ayudan al desarrollo de la motricidad
gruesa y la orientación espacial. Los rompecabezas
con piezas grandes y los bloques para construir incentivan,
además de la motricidad fina, la creatividad. También
es importante iniciar la estimulación del lenguaje
con libros de cuentos con grandes dibujos y pocas letras
Entre
los dos y cinco años, adquiere relevancia la fantasía
y el juego simbólico. A esta edad comienzan a ensayar
los roles de los adultos, desarrollándose su parte
afectiva y social. La actividad lúdica, en este sentido,
le servirá para manejar y conocer sus sentimientos.
Los disfraces, las tacitas de té, los juegos de doctor
son ideales para esta etapa de los pequeños. Además,
el juego estimula su creatividad e imaginación. Es
importante que los juguetes le proporcionen múltiples
opciones de uso, sin olvidar que la imaginación la
coloca el que juega y no el juguete.
En un momento, es un astronauta. Después,
un doctor abnegado que cuida a su paciente, o un maestro que
enseña a sus alumnos. Mientras el niño juega,
construye un espacio imaginario en el cual ensaya destrezas
y capacidades, practica roles ser mamá, papá,
maestro- y amplía su comprensión de cada uno.
El juego es importante para su desarrollo emocional,
ya que a través de las actividades puede expresar lo
que siente y resolver sus propios conflictos. Jugando aprende
a compartir con otros niños, a respetarlos y a ceñirse
a determinadas reglas.
A partir de los seis años, el niño
es capaz de seguir y respetar normas de juego. Estos son más
complejos, requieren de mayor concentración y se van
pareciendo cada vez más a una profesión u oficio.
Además, en esta etapa los niños se inician en
los deportes.
Un niño puede jugar en grupo o individualmente,
con o sin reglas, en forma imaginaria o material, en su dormitorio
o al aire libre. Y para ello no es necesario que cuente con
objetos costosos, pues para él la mayoría de
las cosas son una novedad. Mientras más pequeño,
más se fascina con acciones simples.
Fuente:
Padresok.com
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