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Paula Clavijo (25), es
de esos casos que se da uno en miles, porque su embarazo fue
naturalmente múltiple y, por lo general,
los trillizos nacen luego de procesos de fertilización
asistida. Fue, como ella señala, un regalo divino.
Si Dios me mandó tres guaguas fue por algo y así
lo tomé siempre, desde el principio.
Desde los seis hasta los siete meses
de embarazo, que fue cuando nacieron mis hijos, tuve que estar
en cama, empollando, como dicen los doctores.
Fue duro porque quería preparar la casa para recibir
a los niños y también porque estar en cama me
limitaba a no cuidar como a mi me gustaba a María Ignacia
(6), mi hija mayor, pero entendí lo necesario que era
esperar que los niños maduraran y crecieran lo más
posible. Como dijo mi doctor: un día tuyo más
en cama, es un día menos para los niños en incubadora.
Benjamín nació con 1,7 kilos
de peso, Javiera con 1,5 kilos y Francisca, pesando 1,4. Fueron
trillizos prematuros y como la mayoría, sufrieron complicaciones.
La vida de dos de ellos, Benjamín y Francisca, estuvo
en riesgo varios días en la UTI de la Clínica
Santa María, pero como cuenta su mamá, puse
a mis hijos en las manos de Dios y el quiso que los tres se
quedaran y después de un mes, nos llevamos a nuestros
hijos a la casa.
De la clínica a la casa
Luego
que los bebés nacidos en partos múltiples alcanzan
un peso cercano a los dos kilos, son generalmente dados de
alta. Es recién ahí cuando los padres asumen
cabalmente el cuidado de los niños y comienzan, como
muchos señalan, un antes y un después en su
vida familiar.
Maureen Rossel, Pediatra de la Clínica
Las Condes, explica que la familia debe tener especial cuidado
en proteger el ambiente en el que se desenvuelven los bebés
para que esté libre de infecciones, ya que como en
la mayoría de los casos los trillizos o cuatrillizos
son prematuros, su salud es mucho más frágil
y cualquier cuadro se agrava con facilidad. Los papás
tienen la responsabilidad de restringir el contacto de sus
hijos con otros niños, especialmente durante los primeros
tres meses, para reducir el contagio por Virus Respiratorio
Sincicial (VRS), Rotavirus y los riesgos de hospitalizaciones
por otras enfermedades infecciosas.
Según indica la doctora Rossel, para
reducir la incidencia de enfermedades de rutina de la infancia,
es importante que los padres, los hermanos y las personas
que están en contacto con los bebés, laven sus
manos periódicamente y lleven a cabo las prácticas
de manejo adecuado de los alimentos y de higiene de los biberones.
Junto con ello, es importante estar atentos a los primeros
signos de enfermedad que pueden presentar los recién
nacidos, como decaimiento, rechazo a la alimentación
y por supuesto fiebre o tos.
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