|
Según el doctor
Guillermo Escudero, traumatólogo de Clínica
Las Condes, existen dos tipos básicos de malformaciones
por las que un niño podría presentar dificultades
al caminar: las que se producen durante el desarrollo de la
musculatura, luego de los primeros pasos, y las congénitas,
adquiridas en forma hereditaria o por problemas de posición
en el útero materno.
Con los años, estos problemas se pueden
agravar por lo que es muy importante tratarlos mientras los
huesos y la musculatura aún están en formación,
ya que pasado este periodo, las patologías se tornan
irreversibles o hacen más difícil su recuperación.
Malformaciones del desarrollo
Las más comunes son el pie plano
y el pie valgo que, por lo general, se manifiestan en forma
conjunta. Son en su mayoría evitables y, una vez que
se han adquirido, es posible tratarlas con plantillas que
ayuden a realzar el arco del pie, usando un buen calzado y
ejercitando la musculatura.
Pie plano: Las señales más características
para constatar la presencia de pie plano en un niño
son:
- Pie gordito y sin arco, a pesar que ya lleva tiempo caminando.
- Cansancio al caminar (pide que lo lleven en brazos, más
a menudo que otros niños y apenas ha empezado la marcha)
- Deformación del zapato. Si lo mira desde atrás,
sobre una superficie plana, se ve gastado el borde interior
del taco.
- Calambres nocturnos y dolor en la pantorrilla.
Prácticamente todos los niños
nacen con un pie de planta lisa, pero no se considera anormal
sino hasta que ya ha comenzado a caminar, proceso que se inicia
en el transcurso de los primeros dos años.
Pie valgo: Casi siempre va unido al pie plano.
El niño pisa con la parte interna del pie, desviando
el talón hacia afuera y el tobillo hacia adentro. También
gasta el zapato en el borde interno. Por lo general, un niño
con pie valgo va a presentar además el genu valgo o
desviación de las rodillas, las cuales se juntan formando
una X y provocando grandes molestias y caídas
frecuentes.
El doctor Escudero señala que para prevenir
esta anomalía es muy importante evitar ciertas costumbres
que parecen inofensivas, como dormir boca abajo o hincarse
con las rodillas en W, es decir, con las piernas
separadas y las rodillas hacia adentro. Además se debe
utilizar un zapato adecuado y evitar el sobrepeso, ya que
debilita la musculatura e incrementa las probabilidades de
manifestar un pie plano-valgo.
¿Cómo tratar estas malformaciones?
Lo principal es visitar
al médico apenas se tenga la sospecha de malformaciones
y él lo derivará a un especialista (traumatólogo).
El tratamiento básico para un niño con pie planovalgo
comienza entre los 3 y los 5 años, aunque se detecta
desde los 2, y consiste en la utilización de un calzado
con realce interno en la zona del arco, que se logra comúnmente
con plantillas ortopédicas que se pueden sacar y poner
en el zapato. Éste debe tener el talón reforzado,
caña alta y ser de la anchura y forma correspondiente
al pie de cada niño. Además, es recomendable
complementar el tratamiento con ejercicios de reeducación
de los músculos involucrados en la caminata, como andar
en puntillas, talones, sobre los bordes externos o flexionar
y estirar los dedos y realizar controles periódicos.
Si lo sigue adecuadamente, es probable que en dos o tres años
tenga un pie absolutamente normal.
Página
Siguiente
|