|
Desde pequeño fue
inquieto, pero este rasgo de su personalidad se agudizó
al entrar al colegio. Él es parte de ese treinta por
ciento de escolares que es diagnosticado con déficit
atencional. Éste se define como un trastorno de la
conducta que se caracteriza por dificultades en la atención
y concentración, así como impulsividad e hiperactividad,
generalmente asociadas a un mal rendimiento en el colegio.
Síntomas que en algunos niños disminuyen a medida
que avanzan hacia la adolescencia, pero que de igual forma
persisten en algún grado hasta la adultez.
Existen dos tipos de déficit atencional:
con hiperactividad y sin ella.
Los niños con déficit atencional
sin hiperactividad se distraen con facilidad, presentan dificultades
para concentrarse en sus deberes escolares como también
en los juegos. Son de esos menores que por lo general no terminan
lo que empiezan y siempre llegan a casa diciendo que se les
extravió algo. Son los distraídos
del curso.
En cambio, los que sufren este trastorno y
además son hiperactivos se caracterizan por ser extremadamente
inquietos. Van de un lugar a otro, abren cajones y puertas,
y se suben a sitios peligrosos. Además, se enojan con
facilidad, molestan a otros niños y se frustran con
rapidez cuando algo no les resulta o no se satisfacen sus
pedidos. Más aún, actúan antes de pensar
y tienen drásticos cambios de estado de ánimo.
Causas y pronóstico
Las causas de este trastorno son diversas y van desde inmadurez
neurológica y desequilibrios químicos en el
sistema nervioso central, hasta asfixia en el alumbramiento,
partos prematuros o causas hereditarias. Pero igual de importantes
son los factores ambientales, como una dinámica familiar
alterada.
Por lo general, un niño con síndrome
de déficit atencional será un adulto que se
incline por una profesión de tipo creativa. Sin duda,
no elegirá un trabajo que lo obligue a estar sentado
por ocho horas.
Tratamiento
Si el profesor de su hijo lo llama y
le sugiere que lo lleve a un especialista, no se alarme. Sin
duda, un tratamiento médico aliviará los síntomas
de este trastorno.
Generalmente se sugiere iniciar las consultas
con un neurólogo infantil para que éste haga
un diagnóstico y derive al menor hacia otros profesionales,
como psicólogo o psicopedagogo.
Página
Siguiente
|