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Que se levante el trueno vivo de los tambores y el hortelano alegre que se levante entonces. Chillán en cada gancho de lirio vibra como la espada abierta de la noche sombría. Que se levante entonces como una bestia el día que aquí toda una llama que aquí nada ceniza. Que se levante el fuego como un caballo de oro que aquí no pasa nada que puramente todo"
Nicanor Parra
Chillán ha sido golpeado múltiples veces por terremotos de magnitud considerable (1751, 1835, 1939, 1953 y 1960), pero es el de 1939 el que marcó un hito en la historia de esa ciudad ("Ciudad del Movimiento", fue apodada), debido a los asoladores efectos que prácticamente no dejaron piedra sobre piedra.
A las 23,32 hrs. del 24 de Enero de 1939 la tierra asestó un zarpazo a las provincias de Maule, Linares, Ñuble y Concepción ( aunque la tierra se movió entre Santiago y Temuco, y entre la costa y Mendoza) llevándose consigo 5.648 vidas, según el informe oficial, y más de 30.000, según estimaciones de la prensa.
El presidente de la época, don Pedro Aguirre Cerda, se trasladó al día siguiente hacia la zona afectada advertido de lo grave de la situación, aunque los primeros informes no precisaban la zona del epicentro (inicialmente, al perderse totalmente las comunicaciones con Chillán, se creyó que el mayor daño estaba en Concepción).
El movimiento se inició con una sacudida brusca y violenta, que derribó la mayoría de los edificios, seguida de varias otras menores, que destruyeron totalmente la mitad de las 3.526 viviendas existentes entonces en Chillán. Todas las comunicaciones se cortaron. Adobes, ladrillos y vigas aplastaron miles de personas, algunas de las cuales fueron rescatadas en los días siguientes por voluntarios y marinos de los destructores Riquelme y Serrano, el acorazado Almirante Latorre y las naves británicas Ajax y Exeter y el buque francés Jeanne D'Arc. La Fuerza Aérea, LAN, Panagra, Ferrocarriles del Estado y muchos otros se sumaron al rescate.
Parral, San Carlos, Florida, Bulnes, Quellón, Coelemu, Rafael, Penco, Tomé y Concepción sufrieron daños considerables en sus construcciones.
El sismo fue catalogado como magnitud 7,8 en escala Richter y X en escala Mercalli.
La Catedral de Chillán, que ha sido uno de los edificios más afectados por el terremoto del martes último. Lo único que quedó en pie fué la nave central. Los grandes escombros que aparecen en primer plano corresponden a la fachada que ha caído hacia la calle.
Una mano poderosa, sobrehumana -la del destino ciego-, debió desgarrar las entrañas mismas de la tierra la noche del 24 de enero. Fue un sacudón epiléptico, luego un largo estertor de agónico, y veinte ciudades y cien caseríos desaparecieron en un turbión denso y oscuro de maderos contorsionados, de muros derruidos, de techumbres que se desploman ahogando los gritos humanos mientras el agro chileno, el suelo generoso, se rasgaba en mil grietas henchido por el esfuerzo doloroso de contener el empuje demoníaco de las fuerzas inanimadas.
Así iniciaba su editorial la Revista "Zig - Zag", el 2 de febrero de 1939 tratando de describir el horror que produjo el fuerte terremoto que asoló la zona sur de nuestro país y cuya ciudad más dañada fue Chillán.
La tragedia que cobró entre 8.000 y 10.000 vidas solamente en esta última, movilizó al país y al mundo para ir en ayuda de las víctimas de la catástrofe. Desde Washington el Presidente Roosevelt cablegrafió al Sr. Pedro Aguirre Cerda ofreciendo su ayuda y manifestando sus condolencias y el "New York Times" decía en una editorial sobre el terremoto: " Chile es la región de la tierra donde más tiembla, pues el 21 por ciento de los temblores y terremotos del mundo ocurre cada año en Chile, sí los temblores destruyen las vidas humanas la falta es más bien del hombre que de la naturaleza. Las vidas se pierden porque los edificios se derrumban y estallan los incendios. Es posible evitar algunas de estas consecuencias construyendo de acuerdo con los principios dados por los sismólogos, pero que sólo pueden aplicarse en grande escala en una nación de millonarios".
Ese mismo día las noticias que llegaban de Chillán eran poco alentadoras y el diario "La Hora" señalaba: "En la información entregada por el Estado Mayor del Ejército por intermedio del Ministerio del Interior, se anuncia que el Ministro del Interior señor Alfonso reunió ayer a las 15 horas en la plaza de Chillán a los sobrevivientes para efectuar un recuento de lo que resta de la población. Se agrega que en una reunión celebrada con las autoridades locales se acordó iniciar el traslado hacia el norte de la población civil comenzando con los que quieran hacerlo voluntariamente.
Se acordó construir galpones en los edificios públicos, empleando material de los escombros para amparar a los pocos pobladores que tiene ahora Chillán".
El Presidente, don Pedro Aguirre Cerda muy conmovido al regreso de su viaje a la zona de la tragedia entregó a la prensa el día 30 en la noche el siguiente manifiesto:
"Una de las regiones más ricas y prósperas del país ha sido convertida en un montón de ruinas y miles de hogares chilenos están siendo sometidos a una terrible prueba. He regresado de la zona devastada con la sensación de un luto nacional; Talca, Linares, Maule, Ñuble, Concepción y Bío-Bío están bajo el peso de un intenso dolor.
El Gobierno y el pueblo de Chile, han encontrado en medio de esta prueba un motivo de complacencia: la generosa solidaridad universal en el dolor. El país está movilizado en un impulso humanitario y más allá de las fronteras el drama chileno está encontrando un eco tan humano que mitiga en parte la desgracia. El Gobierno tomó y está tomando serias y urgentes medidas de emergencia para reparar las necesidades inmediatas. Estoy conmovido de la cooperación unánime del pueblo unificado en un poderoso sentimiento de ayuda para las regiones destruidas. Miles de obreros están aportando su cooperación personal y desprendiéndose de sus modestos óbolos para disipar el dolor de sus hermanos.
Pero esta situación eventual no puede prolongarse. Es indispensable proceder en seguida a la restauración de los pueblos devastados. El país ya lo está pidiendo, deseoso de reconstruir sobre las ruinas poblaciones más prósperas, más florecientes, que las que abatió esta calamidad del destino. La vida no puede detenerse y es urgente iniciar la obra definitiva. Fortalece el espíritu y da confianza contemplar la reacción viril y serena del país.
Interpretando este impulso heroico que anima al pueblo de Chile, he prometido en mi visita a las regiones transidas por la tragedia no sólo enterrar sus muertos, no sólo socorrer a los heridos y damnificados, sino, además, encarar inmediatamente la reconstrucción de las ciudades devastadas, reanimar la vida y el trabajo, salvar su agricultura y su industria, hoy en grave peligro.
El país ya ha movilizado su espíritu y sólo espera la voz de partida para proceder a restaurar lo que aniquiló el destino.
Con este fin me apresuro a enviar al Parlamento un proyecto de ley que consulta algunas medidas indispensables de emergencia que permitirán dar forma a estos propósitos. Estoy seguro de que el parlamento concurrirá sin dilaciones a cooperar a esta cruzada patriótica.
Me da tal fuerza la demostración de solidaridad que he sentido en torno mío estos días que estoy seguro que sabré vencer todos los obstáculos, por difíciles que sean, para cumplir mi deber y mi promesa de chileno y de gobernante.
Cálculos para la reconstrucción
Ya a comienzos de febrero la Subsecretaría de Comercio pudo entregar un estudio de los gastos que tendrían que hacerse para la reconstrucción de la zona devastada por el terremoto, llegando a la conclusión, -como dijera "La Hora" del 4 de febrero- que es necesario invertir no menos de 1.719 millones de pesos. Esta suma -según expresaba el informe- tendría un error probable de un 20 por ciento, pues los cálculos se habían efectuado de acuerdo con el censo de 1930 y desde entonces la población había tenido un aumento del 16 por ciento.
Entrevistado por Zig Zag en el ya citado ejemplar el diputado por Concepción, señor Natalio Berman narraba: " En Chillán, la histórica ciudad, cuna de O'Higgins, no han quedado más de cinco edificios en pie. El resto forma un hacinamiento de ruinas. Las calles presentan un aspecto desolado. Los que las recorren llevan impreso para siempre el sello que les dejó la tragedia. Caminan, sin saber para dónde, como empujados por una mano invisible y por un recuerdo que persiste con características trágicas".
* Alrededor de la Plaza se ubicaba la Catedral, que fue destruida completamente por el sismo. Veinte años demoró en ser reconstruida en el mismo sitio y hoy representa el edificio más característico de la ciudad. Concebida en forma ojival representa manos que se entrecruzan por los dedos que salen de la tierra, para recordar a los 20.000 ciudadanos fallecidos en el gran terremoto del año 1939. Al frente hay una cruz imponente que se levanta en 36 metros sobre el terreno, símbolo de resurrección que extendiendo sus brazos de sur a norte del país expresa el agradecimiento de esta ciudad a la ayuda recibida desde todos los países del mundo.
Fuente: Chile en el siglo XX
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